Hoy es de esos días en los que no me siento muy bien, mentalmente hablando. En este momento mi mente es una jaula fragmentada de la que no logro juntar ningún pedazo, estoy rodeada por entes y voces que nunca callan. Deseo llorar, gritar tal vez, pero no puedo…porque no sé que es lo que siento con exactitud. ¡Tengo tanto miedo! Me siento débil y temerosa. Estoy desesperada. No quiero admitir de ninguna manera este estado de profunda melancolía, que agita abruptamente mis noches y mis días. Ellas han tomado posesión de mi libertad interior y exterior, empiezo entonces a hacerme preguntas mundanas, que sé no me darán la paz que necesito. Yo sólo deseo saber por qué siento lo que siento cuando dentro de mi grita mi Ser. Siento cómo mis fracasos martillean dentro de mi cabeza, e intento proyectarme hacia el futuro, en alguna tarea que trascienda mi deseo de salir de este encierro que muerde mi alma. Estoy cansada, agotada, no logro encontrar recursos que se apoderen de mi y me inviten a vivir la vida, a escribir de otra manera, a pensar, a liberarme de este horror que desde tantos años me ha acompañado y simplemente aprender, aprender de esta otredad innombrable que firma con mi nombre. Intento reconstruir mi vida, pero esta profunda sensación de absurdo no deja espacio para una tregua, en la que todo desapareciera, o simplemente hubiese algo de silencio, es lo único que pido un minuto de silencio. Cada día me hago más consciente de que no podre vivir mi vida, de que tendré que hacer un esfuerzo sobrehumano, antes de que la muerte o la locura tomen mi vida por sus propias manos.
Julie P. Lizcano Roa







