viernes, 24 de abril de 2026

TE TENGO DENTRO (Poesía 2026)

 




Divago entre recuerdos,

escondo los nombres de aquellos

cuyos afectos deseo olvidar y

cuya nostalgia me paralizan

al andar/

 

escribo, y de repente no

puedo hablar, siento un vaivén

de palabras sin sentido, y 

en ellas escondo mi palpitar/

 

siento tantas emociones un

dramatismo casi estático

que me deja fuera de lugar/

 

mido mi forma de sentir

(que me avergüenza)

pero es mi única forma de medir

el mundo que me habita/

 

sin pensar en la muerte,

sin arrepentirme de mis pecados

sin entristecerme por mi timidez/

 

mientras yo exista, mientras

mi mirada se cruce con otras miradas

y te busquen más allá de las colinas

y las olas del mar, mientras tú imagen y

tú voz llamen mi corazón transido de

distancia, estaré atenta a tu forma

de querer (me). 



Julie Paola Lizcano Roa. 




UNSTEADY (Poesía 2026)

 



Me gustaría irme lejos,
esconderme bajo la tierra,
no ver ni saber de nadie,
ser el borde del mar
y poder decirle al viento
que estoy cansada de
seguir existiendo.


Julie Paola Lizcano Roa.




Me conmueve… (2026)

 


Aunque he recorrido poco este mundo, permanece en mi un sentimiento constante de dolor y preocupación por lo que me rodea y por todo lo que en él acontece, solo allí en esos momentos de tensión excepcional, me convierto en una mujer provista de muchos sentimientos y de una gran curiosidad, he intento desprenderme de mis ataduras y de mis apariencias, y así penetrar en mis pensamientos, como un radar, sin indiferencia alguna y fiel a la verdad que allí acallo.  Entonces, llega la noche y me doy cuenta que el mundo me conmueve en sus formas más efímeras como la mirada del niño que ha perdido su inocencia deshecha por la guerra que libramos los adultos sin sentido, sepultando su infancia bajo tierra; cuando voy a la playa de Santa Marta, San Andrés, Cartagena, Lima, Panamá y veo cómo las olas del mar terminan en una gran sombra dejando a su paso una falsa melancolía;  cuando llega la noche y me instalo cómodamente en el insomnio y me doy cuenta que no he abrazado a mi madre y que apenas he podido soportar ese suplicio que implica tenerla cerca pero a la vez tan lejos; me conmueve pensarme huérfana, cuando en principio no tenía padres, y ahora que los tengo siento que los voy a perder en cualquier momento, pues la muerte no escatima ni perdona a nadie; cuando siento este ademán repetitivo de escribir a mano o a computador, me conmuevo pues no hay acto más doloroso que escribir y sentirse solo; cuando camino horas porque la ansiedad me desborda y escucho un mugido lejano que se repite con cierta regularidad mientras el aire se convierte en algo espectral  y mi propio cuerpo se derrumba ante su llamado, ahí entonces, me conmuevo de mi caída y de la sombra que yergue en mí una profunda tristeza;  me siento conmovida al sentirme sobreviviente en un mundo cuyos habitantes son cadáveres que simulan vivir en una absurda espera existencial, como si estuviesen pagándole al mismísimo karma; me conmueve el sol y su llamarada calientita que no recibimos con alegría o gratitud porque la damos por echo sin reconocer que este hace una cuarta parte de la creación de Dios; en fin, me conmueve la vida que como sustantivo nos permite acumular experiencias momentáneas y tejer el ritmo falible y pasajero de nuestra propia existencia. 


Julie Paola Lizcano Roa.




I. (2026-VERGISSMEINNICH)

 



A veces mi tristeza se desborda —no cabe en mí— y entonces invento presencias, pequeñas criaturas de aire, para engañar al hueco que me habita. Repito mantras como quien ensaya una autosuficiencia imposible, como si bastara decir “no necesito a nadie” para borrar el temblor. Pero en lo hondo —donde no llega la voz— sé que hay dolores que no aprenden a curarse en otras manos.

Y, sin embargo, últimamente pienso en Dios. No como certeza, sino como un susurro que regresa. Cuando nadie pudo sostenerme, algo —alguien— veló mi rostro, como si la noche tuviera piedad, y recogió en silencio lo que de mí se quebraba. Tal vez Dios sea eso: una llama mínima, obstinada, que insiste en arder cuando todo parece extinguirse; un calor secreto que no pregunta, que no exige, que apenas permanece. Y en esa permanencia —casi invisible— sigo, todavía, viva.

Julie Paola Lizcano Roa.



Mis lágrimas y yo… (2026)

 



Son las 3:15 de la madrugada.

Una lágrima cae de mi rostro impío de dolor, y empiezo a dudar de mi capacidad de adaptación cuando la muerte se asoma a la puerta de mi habitación. La observo como quien intenta comprender lo incomprensible: cómo masticarla, cómo digerirla, cómo hacer de su presencia algo que no aniquile del todo esta pobre existencia. Porque incluso en ella se insinúa una paradoja: la posibilidad de seguir existiendo después del fin.

La noche continúa, y lo único que sostiene mi vida es esto —sin querer, estoy sintiendo—. En algún rincón de mi alma, en algún pliegue del cuerpo, ese “algo” insiste: no soy un ser frívolo. Y entonces debo soltar esas metas rígidas que mis pensamientos han impuesto en los últimos meses: el suicidio o la locura. Hay en mí una resistencia mínima, casi imperceptible, pero viva.

Me pregunto si es necesario el caos para que nazca algo nuevo. No lo sé. Dentro de mí, todo parece arrasado: solo queda una sensación de vacío, mis lágrimas y yo suspendidas en un infierno vasto que ya ni siquiera arde, sino que se derrumba en silencio. Las miradas que rodean este cuerpo inerte no alcanzan a tocarme; existo apenas entre la fugacidad y la impermanencia.

Y, sin embargo, hay algo que sé con claridad: no quiero desaferrarme de mí. Soy ángel y demonio; tiempo y distancia; contradicción y complejidad; fuerza y debilidad; palabra y silencio. Soy, también, la nada que se agita en estas lágrimas. Y en ellas —en su trazo— quiero dejar un registro, un intento de inmortalizar esta condición humana que me atraviesa, para algún día poder sostenerla sin derrumbarme bajo su peso.

Quisiera encontrar un espacio donde esta melancolía no me culpe, podría probar algún ritual secreto o una práctica mágica que me ayude a salir de mí misma, desplazarme por el éter y encarnar en otros, tomar su cuerpo por asalto y vivir otras vidas…sin esta conciencia que me consume.

Pero regreso. Y lo que soy permanece: un rompecabezas que no termina de armarse, una melancolía que se expande, un territorio donde los mapas se dibujan y se deshacen sin cesar.

 

Julie Paola Lizcano Roa.


 

domingo, 8 de marzo de 2026

Una mente confusa (Frag. 2026)

 


Dejaré de escribir por unos días o tal vez unos meses, me siento cansada, agotada. La vida se me ha vuelto un enredo, una carga y un nudo casi imposible de desatar…he perdido la esencia y las pocas ganas de existir.  Me da asco la vida. Creo que he esperado mucho de la vida y lo que necesito ahora es: soledad.


Julie Paola Lizcano Roa.



jueves, 29 de enero de 2026

ANTOLOGIA POETICA- LA NOSTALGIA DE EXISTIR- CAP. DESFRAGMENTADA 2026

 


Una mente confusa (Frag. 2026)

 


A veces desearía que mi soledad tuviera alas, que los gritos en mi cabeza no agudizarán mi llanto nocturno y que los temblores de mis manos no agitarán el tronco de mi alma cuya vergüenza no me permiten salir de casa. A veces siento un latido intenso en mi corazón, punzadas que no permiten que la respiración llegue a mis pulmones… como si la muerte tocará a mi puerta.

Hoy me siento fragmentada, distante de mí, embriagada de dolor, sin aliento, encerrada en un profundo silencio, angustiada, llena de miedos inentendibles…deseando que Dios me lleve a una isla amurallada y muera allí tendida en el mar.  


Julie Paola Lizcano Roa.




miércoles, 28 de enero de 2026

Una mente confusa (Frag. 2026)

 


Navego entre mi propia soledad mientras se agotan los libros que leo sin pausa, ajena al cansancio y al llanto. En una página escribo, con blancura, para velar este tedio; desolada por crueles esperanzas… De mi espalda baja una gota de sudor cuyo fastidio me vuelve febril y nerviosa.

Siento entonces la ruptura entre lo real y lo irreal, como disonancias embriagadas de ayuno, cuyas canciones dormitan bajo el sopor de un aire artificial. Sólo esta nada, dócil y confidente, de mejillas conturbadas, hará desvanecer mis sueños ante mi mirada ciega, vana y monótona.

Deseo sostener mi mundo, pero no sé si estoy viva o muerta… De pronto siento que todo el mundo me ve: la gente habla sin cesar, y lo único que percibo es el dolor de un mundo que sé que ni siquiera con la mejor técnica del Kintsukoroi podría repararse. Tiemblo por dentro; quisiera gritar, pero una tristeza de bejuco se enreda en mi alma sangrienta, amarga de llanto.


Julie Paola Lizcano Roa.




Buceando entre la nada del subsuelo (Frag. 2026)- Capítulo 35.



Me atraen los mares y los desiertos, esos territorios donde la mirada se disuelve en el horizonte y ya no sabe si busca o se pierde. Mi casa es lo contrario: un espacio sin vacíos, casi sin aire. Los libros ocupan las estanterías, se derraman sobre los muebles, invaden el suelo como una forma de resistencia contra el silencio. Podría reducirlos a un artefacto mínimo, delgado como una media cuartilla, pero necesito su presencia material, su peso, su respiración muda; necesito cruzar sus lomos con la mirada, aunque sea de soslayo, para recordar que algo permanece. Trabajo en el comedor, ese territorio ambiguo donde se come y se piensa. Paso los días entre libros y no entre personas. Contemplo sus lomos como si fueran rostros: perfiles de amigos que no preguntan, que no exigen, que no se van. Una compañía quieta, leal y silenciosa, como si la soledad hubiera aprendido a hablar en voz baja.


Julie Paola Lizcano Roa.




Una mente confusa (Frag. 2026)



Quiero despertar y no sentir que tengo que pelear por existir. Intento seguir (de verdad) con todas mis fuerzas, pero me duele aquí 🕳️... Todo el tiempo.


Julie Paola Lizcano Roa.




Una mente confusa (Frag. 2026)


"Hoy ando por los rincones de mi cuarto, escondiendo aquel sollozo que me desangra por dentro. A veces, siento que agonizo de tristeza y de repente se me resquebrajan los miedos, mientras lucho por sobrevivir y no caminar por los pasillos de la locura… Algo se me esta rompiendo aquí dentro y pienso, me estoy vaciando viva. Y es que no sé quién me mira a mitad de la noche, me siento a la orilla de mi cama, temblando de miedo, pero nadie escucha ni ve lo que yo siento, quisiera huir, pero lo único que queda hacer es jugar a la pelota con la muerte".


Julie Paola Lizcano Roa



Una mente confusa (Frag. 2026)


Últimamente no sé cómo me siento, pero lo que si tengo claro es que si alguien o algo en este momento se acercara a mí de manera “intencional” me quebraría y lloraría de una forma tal y desconsoladamente, como una niña de cinco años. Y entonces pienso: -si llegase a pasarme dicha desgracia: ¿a qué debo aferrarme? ¿a darme la oportunidad de sentir dicha emoción o a profundizar en mi conciencia que es como un puñal que adoctrina mi alma?


Julie Paola Lizcano Roa


Una mente confusa (Frag. 2026)




«Sólo sé que me invaden grandes miedos. El primero, voces que nunca callan e interrumpen mi mente, durmiendo a cada instante el resto de mis sentidos...y el segundo, esa oscuridad que se avecina cada vez que llega la noche. Pero, de qué sirve escribir esto que siento, si nadie ve, ni contempla en mis miedos el enjambre que encierran en mi alma y me abandonan en el desasosiego de ser yo, quien al final lo único que deseo es apretar el gatillo».


Julie Paola Lizcano Roa





domingo, 4 de enero de 2026

Buceando entre la Nada del subsuelo - -OUTNUMBERED-

 


Quienquiera que sea yo, extranjera de este mundo y cuyo encanto no encuentro, donde el silencio desborda mis pensamientos arrojándome a la oscuridad de esta tierra lejana llamada universo.

¿Hay algo peor que esta conversación constante entre mi mente y mi yo y cuya inocencia me hace llorar? ¿Es esta mi única realidad cuyas sensaciones admiten de alguna forma mi existencia? Siento que a veces necesito aislarme con el fin de darme un lugar y de respetar esa verdad que se encuentra en mis sensaciones externas que son únicas y mías.

Intento escribir hoy con dichas sensaciones, abrumada por su constante ir y venir, todo lo que siento no sé ni lo que es. Soy mitad sonámbula y mitad Nada, soy el opio de los crepúsculos, soy el harapo que se retuerce y llora sobre la panza de una madre que nunca existió. A veces es tan grande mi dolor, tan abundante el fluir concentrado de voces y de frases inacabadas que se desata en mi espíritu una gran rabia, se me retuercen las tripas, y lloro por tener que perder —porque siempre pierdo.

Y al ritmo de mi llanto fluido, ausente, inesencial, me pierdo de mí misma como si me ahogase en un mar de espuma huracanada; soy pretérita, y esto que estoy escribiendo ahora, me inmoviliza, pues lo dice y lo contiene todo.

Por ello, intento vivir narrándome, y el más pequeño de los tedios que siento, cuando me asomo a él, estalla, por un magnetismo de flores de colores musicales que me asoman a un profundo abismo.


Julie Paola Lizcano Roa.



UNA MENTE CONFUSA- 3 enero 2026

 



Escribo llorando… ya que siento una melancolía tan profunda, que tal vez el tiempo ni nadie podrá disipar jamás. Es una tristeza confusa, acompañada de sueños temerosos que absorben mis noches y me hacen temer de los días inciertos que vendrán. Hoy más que nunca deseo hablar con mi terapeuta J.A no me siento sola, sino totalmente abandonada…sentimiento que deseo dejar de sentir, deseo lastimarme, hacer algo para apagar este dolor en el alma que siento y me quiebra.

Me siento tensa, inhibida, cansada, quebrantada…quisiera sentirme libre, verme en el espejo y reconocerme. Pero cada día mi deseo de morir es más fuerte y el invierno de mi corazón se propaga en mi interior, asfixiando mi ser. No soy nada.

¡Que vacío! ¿será que debo dejar de buscarme? En los últimos días, he tenido sueños horribles con la clínica de la Paz, a veces siento que son tan reales esos sueños que me cuesta diferenciar lo que es real de lo que no es. Temo profundamente una nueva hospitalización, después de 13 meses de este caos depresivo, temo hasta de mi propia vida…por ahora no me queda otra que respirar callada mientras mis lágrimas caen por mi rostro… callar, desecharme y dejar que -ellos- devoren mi usencia. 


Julie Paola Lizcano Roa.