viernes, 24 de abril de 2026

Mis lágrimas y yo… (2026)

 



Son las 3:15 de la madrugada.

Una lágrima cae de mi rostro impío de dolor, y empiezo a dudar de mi capacidad de adaptación cuando la muerte se asoma a la puerta de mi habitación. La observo como quien intenta comprender lo incomprensible: cómo masticarla, cómo digerirla, cómo hacer de su presencia algo que no aniquile del todo esta pobre existencia. Porque incluso en ella se insinúa una paradoja: la posibilidad de seguir existiendo después del fin.

La noche continúa, y lo único que sostiene mi vida es esto —sin querer, estoy sintiendo—. En algún rincón de mi alma, en algún pliegue del cuerpo, ese “algo” insiste: no soy un ser frívolo. Y entonces debo soltar esas metas rígidas que mis pensamientos han impuesto en los últimos meses: el suicidio o la locura. Hay en mí una resistencia mínima, casi imperceptible, pero viva.

Me pregunto si es necesario el caos para que nazca algo nuevo. No lo sé. Dentro de mí, todo parece arrasado: solo queda una sensación de vacío, mis lágrimas y yo suspendidas en un infierno vasto que ya ni siquiera arde, sino que se derrumba en silencio. Las miradas que rodean este cuerpo inerte no alcanzan a tocarme; existo apenas entre la fugacidad y la impermanencia.

Y, sin embargo, hay algo que sé con claridad: no quiero desaferrarme de mí. Soy ángel y demonio; tiempo y distancia; contradicción y complejidad; fuerza y debilidad; palabra y silencio. Soy, también, la nada que se agita en estas lágrimas. Y en ellas —en su trazo— quiero dejar un registro, un intento de inmortalizar esta condición humana que me atraviesa, para algún día poder sostenerla sin derrumbarme bajo su peso.

Quisiera encontrar un espacio donde esta melancolía no me culpe, podría probar algún ritual secreto o una práctica mágica que me ayude a salir de mí misma, desplazarme por el éter y encarnar en otros, tomar su cuerpo por asalto y vivir otras vidas…sin esta conciencia que me consume.

Pero regreso. Y lo que soy permanece: un rompecabezas que no termina de armarse, una melancolía que se expande, un territorio donde los mapas se dibujan y se deshacen sin cesar.

 

Julie Paola Lizcano Roa.


 

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