viernes, 24 de abril de 2026

I. (2026-VERGISSMEINNICH)

 



A veces mi tristeza se desborda —no cabe en mí— y entonces invento presencias, pequeñas criaturas de aire, para engañar al hueco que me habita. Repito mantras como quien ensaya una autosuficiencia imposible, como si bastara decir “no necesito a nadie” para borrar el temblor. Pero en lo hondo —donde no llega la voz— sé que hay dolores que no aprenden a curarse en otras manos.

Y, sin embargo, últimamente pienso en Dios. No como certeza, sino como un susurro que regresa. Cuando nadie pudo sostenerme, algo —alguien— veló mi rostro, como si la noche tuviera piedad, y recogió en silencio lo que de mí se quebraba. Tal vez Dios sea eso: una llama mínima, obstinada, que insiste en arder cuando todo parece extinguirse; un calor secreto que no pregunta, que no exige, que apenas permanece. Y en esa permanencia —casi invisible— sigo, todavía, viva.

Julie Paola Lizcano Roa.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por leerme :)