Aunque he recorrido poco
este mundo, permanece en mi un sentimiento constante de dolor y preocupación
por lo que me rodea y por todo lo que en él acontece, solo allí en esos
momentos de tensión excepcional, me convierto en una mujer provista de muchos
sentimientos y de una gran curiosidad, he intento desprenderme de mis ataduras
y de mis apariencias, y así penetrar en mis pensamientos, como un radar, sin
indiferencia alguna y fiel a la verdad que allí acallo. Entonces, llega la noche y me doy cuenta que
el mundo me conmueve en sus formas más efímeras como la mirada del niño que ha perdido su
inocencia deshecha por la guerra que
libramos los adultos sin sentido, sepultando su infancia bajo tierra; cuando voy a la playa de Santa
Marta, San Andrés, Cartagena, Lima, Panamá y veo cómo las olas del mar terminan
en una gran sombra dejando a su paso una falsa melancolía; cuando llega la noche y me instalo
cómodamente en el insomnio y me doy cuenta que no he abrazado a mi madre y que
apenas he podido soportar ese suplicio que implica tenerla cerca pero a la vez
tan lejos; me conmueve pensarme huérfana, cuando en principio no tenía padres,
y ahora que los tengo siento que los voy a perder en cualquier momento, pues la
muerte no escatima ni perdona a nadie; cuando siento este ademán repetitivo de
escribir a mano o a computador, me conmuevo pues no hay acto más doloroso que
escribir y sentirse solo; cuando camino horas porque la ansiedad me desborda y
escucho un mugido lejano que se repite con cierta regularidad mientras el aire
se convierte en algo espectral y mi
propio cuerpo se derrumba ante su llamado, ahí entonces, me conmuevo de mi
caída y de la sombra que yergue en mí una profunda tristeza; me siento conmovida al sentirme sobreviviente
en un mundo cuyos habitantes son cadáveres que simulan vivir en una absurda
espera existencial, como si estuviesen pagándole al mismísimo karma; me
conmueve el sol y su llamarada calientita que no recibimos con alegría o
gratitud porque la damos por echo sin reconocer que este hace una cuarta parte
de la creación de Dios; en fin, me conmueve la vida que como sustantivo nos
permite acumular experiencias momentáneas y tejer el ritmo falible y pasajero
de nuestra propia existencia.
Julie Paola Lizcano Roa.
.jpg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por leerme :)