Quienquiera que sea yo,
extranjera de este mundo y cuyo encanto no encuentro, donde el silencio
desborda mis pensamientos arrojándome a la oscuridad de esta tierra lejana
llamada universo.
¿Hay algo peor que esta
conversación constante entre mi mente y mi yo y cuya inocencia me hace llorar?
¿Es esta mi única realidad cuyas sensaciones admiten de alguna forma mi
existencia? Siento que a veces necesito aislarme con el fin de darme un lugar y
de respetar esa verdad que se encuentra en mis sensaciones externas que son únicas
y mías.
Intento escribir hoy con
dichas sensaciones, abrumada por su constante ir y venir, todo lo que siento no
sé ni lo que es. Soy mitad sonámbula y mitad Nada, soy el opio de los crepúsculos,
soy el harapo que se retuerce y llora sobre la panza de una madre que nunca existió.
A veces es tan grande mi dolor, tan abundante el fluir concentrado de voces y
de frases inacabadas que se desata en mi espíritu una gran rabia, se me retuercen
las tripas, y lloro por tener que perder —porque siempre pierdo.
Y al ritmo de mi llanto fluido,
ausente, inesencial, me pierdo de mí misma como si me ahogase en un mar de
espuma huracanada; soy pretérita, y esto que estoy escribiendo ahora, me
inmoviliza, pues lo dice y lo contiene todo.
Por ello, intento vivir narrándome,
y el más pequeño de los tedios que siento, cuando me asomo a él, estalla, por
un magnetismo de flores de colores musicales que me asoman a un profundo abismo.
Julie Paola Lizcano Roa.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por leerme :)