Me atraen los mares y los desiertos, esos territorios donde la mirada se disuelve en el horizonte y ya no sabe si busca o se pierde. Mi casa es lo contrario: un espacio sin vacíos, casi sin aire. Los libros ocupan las estanterías, se derraman sobre los muebles, invaden el suelo como una forma de resistencia contra el silencio. Podría reducirlos a un artefacto mínimo, delgado como una media cuartilla, pero necesito su presencia material, su peso, su respiración muda; necesito cruzar sus lomos con la mirada, aunque sea de soslayo, para recordar que algo permanece. Trabajo en el comedor, ese territorio ambiguo donde se come y se piensa. Paso los días entre libros y no entre personas. Contemplo sus lomos como si fueran rostros: perfiles de amigos que no preguntan, que no exigen, que no se van. Una compañía quieta, leal y silenciosa, como si la soledad hubiera aprendido a hablar en voz baja.
Julie Paola Lizcano Roa.
.jpg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por leerme :)