Hoy digo: Mi calma tiene olor a metal oxidado, y mi
respiración transcurre como átomos dentro de sustratos agonizantes que esquivan
mi presente absorto de silencio. Este dolor inmaterial y subjetivo que se
vislumbra en el misterio extraño de mi cuerpo, intenta dividirse y fragmentarse
en el tiempo…ese tiempo que ya no tiene espacio para mí. Entre línea y línea
intento fabricar cada frase, que interpela profundamente este sentimiento de
miedo inacabado y que en la armonía de la vida intenta encajar en un mundo
inseguro y cuya lógica no logro comprender. Sé que intentar entender lo que me
sucede, me hace ver un poco primitiva, pero debo despertar de mi desnudez e
intentar escribir para ponerle nombre a lo que cada día siento en este pecho,
que ha dejado de ser mi pecho para convertirse en un órgano habitado por la
incertidumbre y la ignorancia de la vida y que inevitablemente me acompañaran
hasta mi muerte.
En este instante en que entra el sol por la ventana,
me pregunto: ¿si tendré el coraje de continuar las horas siguientes que esperan
titilantes entre ecos para continuar con vida? Ya que me descubro en este
escritorio, sola, envuelta entre pensamientos inútiles, anhelando tal vez una
llamada, un abrazo, una voz cálida que calme mi sentir…sin embargo, no me queda
otra opción que reconstruir mis pedazos, respirar, y acortar el tiempo
inventado bocetos para pintar.
Pero mi calma tiene olor a metal oxidado, y como si
viniera de las profundidades del averno, me sacudo la ropa, me seco las
lágrimas, oro a un dios que no sé si existe, e intento luchar por mi libertad
caminando intuitivamente, observando lo que hay a mi alrededor, sin cuestionar
nada ni a nadie…simplemente estar allí frente al mundo, entendiendo que mi
pequeñez no cambiará ni su rotación ni su órbita.
Julie Paola Lizcano Roa
Carlotta de Borbonet
2025

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